La quede mirando, como si a través de sus ojos, me invitara a dar un viaje al pasado, una regresión a todo aquello que fui. Podía sentir la presencia de aquel cuerpo que yacía inerte en mi memoria, oler el dulce aroma en el que me deleitaba, pero sabía que aquello que veía no era real.
Su mirada era tal que lograba seducir sin siquiera intentarlo, su sonrisa tan brillante que era fácil de perderse en ella. Sentía como si aquella presencia fuera parte de la bajeza de Afrodita por verme derrotado, ¿Había acaso hurgado en mi memoria e intentado proyectar un mal recuerdo de mi pasado?. Los dioses tenían fama de ser mafiosos y tramposos, tentadores y seductores, sobre todo ella. Ella que seducía y enamoraba hombres como si fuera su pasatiempo favorito. ¡Oh! pobres mortales que cayeron en tal triste desgracia, condenados a vagar eternamente por los pasillos de la inmunda desesperación de no poder olvidar.
-¿Como te llamas?- Pregunté sin recibir respuesta.
-¿Quién eres? - obtuve el mismo resultado que la anterior pregunta.
La tenía en frente y no sabía que hacer. Aquella sombra era el vivo recuerdo de aquel amor por el que hoy pago mi condena, pero, ¿que hace aquí?, ¿Con qué sentido lo tengo hoy ante mí?.
-¡He de seguir si no logro recibir repuesta alguna de ti!-
-Yo no estoy aquí para darte soluciones Roderick- Su voz me llevo al pasado, a aquellos momentos de felicidad y angustia, de lágrimas y risas. Escalofriantemente llevaban la misma forma de hablar.
-¿Quién eres?- pregunté insistente
-Mi nombre aquí no tiene relevancia Roderick, sé quien eres y necesito de tu ayuda.-
-¿Que clase de ayuda podría ofrecerte?, ni siquiera se hacia donde debo ir yo- Su insistencia empezaba a ponerme inquieto y nervioso
-Libera las cadenas que me aprisionan a este mundo oscuro y malgastado por la lujuria y el libertinaje, libérame de los recuerdos y las dolencias, del pasado y de los fantasmas, de los hombres que llevo sobre mi espalda y las etiquetas de la gente, ¡oh!, cómo pesan sobre mi cabeza, como pesan sobre la espalda, reompe las cadenas que no me dejan ir en paz.¡Te lo imploro!. Te he seguido desde que pisaste este asqueroso terreno de odio, envidia y perdición, y sé que tu eres el indicado, ven y libérame de mi pasado, ya no quiero cargar con todo este peso. Es demasiado para un alma tan joven como la mía. 22 sentencias 22 largos años a vagar por ese sendero sin final, Roderick, toca mi corazón y libéralo. -
La sombra parecía implorar libertad, pero yo no sabía como ayudarla, se rumoreaba que en las cárceles, existían los traidores, almas tan frías, condenadas a vagar por encerrar su corazón y no justificar los hechos ante afrodita. Los carteles que colgaban de su cuello, se veían tan pesados que parecía que le sacarían el cuello tarde o temprano, y los hombres sobre su espalda llevaban un aspecto fúnebre, como resignados a ir con ella a donde sea.
-Yo, yo no se que puedo hacer por ti -, tartamudeé al dar mi respuesta pues no sabía en lo que me estaba metiendo. Soy un simple mortal igual que tu condenado por hechos y errores cometidos.
Tu condena no puede ser mas pesada que la mía Roderick,cuando llevaba forma humana, gozaba de una belleza única, pero todo en esta vida se debe saber usar, nunca conocí el sentido de un corazón latiendo, nunca me sentí en vida, malgastaba mis días y mi juventud entre sitios bohemios y tenues habitaciones con amantes furtivos, algunos seducidos y engañados ante mi mirada, otros lograban tocar mi corazón, pero debía de conformarme con poco, yo no era para ellos. Nunca conocí el verdadero amor Roderick, y hoy pago por ello.
Su mirada era engañosa, pero el parecido era tanto con el recuerdo, que opté por ayudarla a encontrar su camino. Nadie merece llevar tanta carga consigo, todos nos equivocamos. ¿Porqué tendría que llevar tanto peso por algo que todos hacemos?, ¿Por qué no liberarla de su sufrimiento y aminorar sus etiquetas?, después de todo, somos iguales y cualquiera podría cometer el mismo error.
Mi plan no era tan inteligente creo yo, pues intentar liberar un corazón no es fácil mucho menos creer en alguien que sabes puede jugar sucio. Me arriesgué, lleve a aquella sombra al mas profundo de sus recuerdos, en donde se halla sentido amado, pero fue en vano, tenia recuerdos vagos de una infancia destruida, un alma recia, y una gran muralla que no me dejaba ver mas allá. A lo lejos, se escuchaba sollozar a un niño, intente buscarlo, pero no hallaba nada. El llanto se hacía más fuerte y empezaba a desesperarse.
Quería saber que había detrás de esa gran muralla, pero el llanto del niño llamaba más mi atención.
-¿Donde estás?, ¿cómo te llamas?.- Pregunté sin esperanza de recibir una respuesta.
-¡Aléjate!, ¿que cosa quieres? ¡Vete!- El niño dejo de llorar para responder como si estuviera molesto por mi presencia.
La voz parecía estar del otro lado de la muralla, como si estuviera encerrado. O tal vez escondido.
-Tranquilo, no te haré daño, vengo a ayudarte.- Quise calmarlo y que confiara en mi, pero lograr ese objetivo con aquel niño, parecía imposible.
¿Ayudarme?, nadie puede ayudarme, nadie podrá ayudarme si no quiero que me ayuden, y no deseo que lo hagan tampoco, acá estoy bien, fuera del alcance de cualquiera que pueda lastimarme, ya tuve suficiente y no pienso seguir soportando más. La gente es mala, ¡MALA! ¡Lárgate!
Opté por detenerme, no podía ayudar a quien no quería, sin duda me pareció un acto de cobardía el querer retraerse de todo aquello que le provocara dolor, pero tal vez en verdad, había sufrido lo suficiente como para querer recordar tal sentimiento.
Sin nada mas que poder hacer, retrocedí mirando aquel rostro aventurero que hoy comprendo no es más que una falsa careta.
Me retire dejando de lado aquella sombra, después de todo, no podía ayudarla, y aunque quisiera, se que tampoco debía. No soy yo quien debe juzgar a las personas por lo que hacen, todo tiene un porque, y no debería anticiparme si primero no comprendo las razones de sus acciones.
Opté por detenerme, no podía ayudar a quien no quería, sin duda me pareció un acto de cobardía el querer retraerse de todo aquello que le provocara dolor, pero tal vez en verdad, había sufrido lo suficiente como para querer recordar tal sentimiento.
Sin nada mas que poder hacer, retrocedí mirando aquel rostro aventurero que hoy comprendo no es más que una falsa careta.
Me retire dejando de lado aquella sombra, después de todo, no podía ayudarla, y aunque quisiera, se que tampoco debía. No soy yo quien debe juzgar a las personas por lo que hacen, todo tiene un porque, y no debería anticiparme si primero no comprendo las razones de sus acciones.

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